Sábado Santo. Silencio, respeto y recogimiento.
La procesión más sobria y sobrecogedora recorrió nuestras calles envuelta en luto. Los cofrades, sin capa y con capuz negro, caminaron en absoluto respeto, reflejando el dolor y la espera de este día tan especial. Como cada año, los cofrades, realizaron la tradicional promesa del silencio, convirtiendo cada paso en un acto de fe y recogimiento.
Solo el sonido profundo de los timbales, en manos de la Banda de las Angustias, rompió la quietud, marcando el paso firme de una jornada cargada de emoción. Junto a ellos, la capilla musical acompañó con delicadeza el caminar del trono de la Virgen, elevando aún más la solemnidad del momento.
Un Sábado Santo que no se escuchó… se sintió.











































